sábado, 22 de agosto de 2015

Se unió a los etíopes cristianos asesinados

Era musulmán, pero eligió morir con los cristianosSu muerte fue registrada por Al Furqan, la máquina de la propaganda del califato. También fue asesinado Jamal Rahman, migrante de familia musulmana. ¿Por qué? Porque se habría ofrecido como rehén para no abandonar a un amigo cristiano.

Es una historia que contó Giorgio Bernardelli en “MissionLine”, revista del Pontificio Instituto Misiones Exteriores. Confirmó además la noticia «una fuente completamente insospechada: un miliciano de los al Shabab, los fundamentalistas islámicos de Somalia».

Hay dos versiones sobre esta historia. La que dio a conocer «un periódico en línea del Somaliland» sostiene que «se había convertido al cristianismo durante el viaje»; otra, que el Pime considera «mucho más verosímil, y de origen yihadista», dice que «el musulmán Jamal “absurdamente” se habría ofrecido como rehén voluntario a los yihadistas, por solidaridad con el amigo cristiano con el que estaba viajando. Tal vez pensaba que la presencia de un musulmán en el grupo habría salvado la vida de algunas personas». Pero no sucedió: Jamal también fue asesinado «como un apóstata».

Esta historia sobre la decisión de Jamal Rahman recuerda la de Mahmoud Al’Asali, el profesor universitario musulmán que durante el verano del año pasado, en Mosul, «se pronunció públicamente contra la persecución contra los cristianos de la ciudad». Él también pagó esta actitud con su vida.

sábado, 15 de agosto de 2015

Asunción desde la tumba de María

Una larga escalera conduce desde la entrada a la nave de la iglesia. A los lados se abren dos capillas. Foto: Svetlana Grechkina (Flickr)La Tumba de María se halla en el cauce del torrente Cedrón, en Getsemaní, unas decenas de metros al norte de la basílica de la Agonía y del huerto de los Olivos. Recibe también el nombre de iglesia de la Asunción por los cristianos ortodoxos griegos y armenios, que comparten la propiedad, y por los sirios, coptos y etíopes, que detentan algunos derechos sobre el sitio.

Para llegar al sepulcro venerado hay que descender dos tramos de escaleras: el primero, desde la calle hasta un patio a un nivel inferior, que sirve de atrio a la iglesia y que también conduce a la gruta del Prendimiento; el segundo, dentro del edificio, desde el mismo pórtico hasta la nave. Esta profundidad se explica porque el lecho del Cedrón se ha elevado con el pasar de los siglos, y porque la construcción conservada hasta nosotros correspondería en realidad a la cripta de la basílica primitiva, cuya obra puede remontarse al siglo IV o V.

En 1972, una inundación obligó a realizar una vasta restauración de la iglesia, y se aprovechó además para acometer investigaciones arqueológicas. Esos estudios, junto con las fuentes históricas, indican que la sepultura donde, según la tradición, reposó el cuerpo de la Virgen formaba parte de un complejo funerario del siglo I. Había sido enteramente excavado en la roca y contaba con tres ambientes. Cuando se decidió incluir la tumba de Santa María en un edificio de culto, los arquitectos bizantinos debieron de seguir un procedimiento parecido al empleado con el Santo Sepulcro: la aislaron del contorno, eliminando también las otras cámaras; sustituyeron el techo por una cúpula de cantería, y encima levantaron el santuario.

Al igual que sucedió con otros lugares cristianos en Tierra Santa, las invasiones del primer milenio hicieron que el santuario se encontrara deteriorado a la llegada de los cruzados, en el siglo XI. En 1101 se instaló allí una comunidad de benedictinos de Cluny, y comenzaron las obras de restauración: se abrió la entrada a la cripta, alargando la escalinata; a los lados de la bajada, se prepararon dos capillas, utilizadas más tarde como panteón real; se embelleció la tumba de la Virgen, cubriéndola con un templete de mármol; se reconstruyó la iglesia superior y, al lado, se edificó un monasterio con hospedería para peregrinos y un hospital. Pocos decenios más tarde, tras la conquista de Jerusalén por Saladino, de todo el complejo solo quedaron la cripta, la fachada y la escalera que las unía, con las dos capillas: es lo que constituye la iglesia actual.

«El misterio de la Asunción de María en cuerpo y alma se inscribe completamente en la resurrección de Cristo. La humanidad de la Madre ha sido "atraída" por el Hijo en su paso a través de la muerte. Jesús entró definitivamente en la vida eterna con toda su humanidad, la que había tomado de María; así Ella, la Madre, que lo ha seguido fielmente durante toda su vida, lo ha seguido con el corazón, ha entrado con Él en la vida eterna, que llamamos también Cielo, Paraíso, Casa del Padre» (Francisco, Homilía, 15-VIII-2013). Al mismo tiempo, «la Asunción es una realidad que también nos toca a nosotros, porque nos indica de modo luminoso nuestro destino, el de la humanidad y de la historia. De hecho, en María contemplamos la realidad de gloria a la que estamos llamados cada uno de nosotros y toda la Iglesia» (Benedicto XVI, Ángelus, 15-VIII-2012).

Nuestra Señora, hecha partícipe de modo pleno de la obra de nuestra salvación, tenía que seguir de cerca los pasos de su Hijo: la pobreza de Belén, la vida oculta de trabajo ordinario en Nazaret, la manifestación de la divinidad en Caná de Galilea, las afrentas de la Pasión y el Sacrificio divino de la Cruz, la bienaventuranza eterna del Paraíso.

Todo esto nos afecta directamente, porque ese itinerario sobrenatural ha de ser también nuestro camino. María nos muestra que esa senda es hacedera, que es segura. Ella nos ha precedido por la vía de la imitación de Cristo, y la glorificación de Nuestra Madre es la firme esperanza de nuestra propia salvación; por eso la llamamos spes nostra y causa nostræ lætitiæ, nuestra esperanza y causa de nuestra felicidad.

No podemos abandonar nunca la confianza de llegar a ser santos, de aceptar las invitaciones de Dios, de ser perseverantes hasta el final. Dios, que ha empezado en nosotros la obra de la santificación, la llevará a cabo (cfr. Flp 1, 6) (Es Cristo que pasa, n. 176).

Esta esperanza, que es un don de Dios, no exime de la lucha: nadie puede permanecer pasivo. Al contrario, la fe y la propia experiencia nos demuestran que la vida cristiana pasa por la Cruz para alcanzar la gloria, y que la fidelidad consiste en un continuo comenzar y recomenzar. ¿Recomenzar? ¡Sí!: cada vez que haces un acto de contrición —y a diario deberíamos hacer muchos—, recomienzas, porque das a Dios un nuevo amor (Forja, n. 384).

La glorificación de Nuestra Madre es la firme esperanza de nuestra propia salvación; por eso la llamamos spes nostra y causa nostræ lætitiæ, nuestra esperanza y causa de nuestra felicidad

Nuestra existencia en la tierra es un tiempo de travesía, de viaje, donde no faltarán los sacrificios, el dolor, las privaciones... como tampoco la alegría.

Quizá estimaréis que este optimismo parece excesivo, porque todos los hombres conocen sus insuficiencias y sus fracasos, experimentan el sufrimiento, el cansancio, la ingratitud, quizá el odio. Los cristianos, si somos iguales a los demás, ¿cómo podemos estar exentos de esas constantes de la condición humana?

Sería ingenuo negar la reiterada presencia del dolor y del desánimo, de la tristeza y de la soledad, durante la peregrinación nuestra en este suelo. Por la fe hemos aprendido con seguridad que todo eso no es producto del acaso, que el destino de la criatura no es caminar hacia la aniquilación de sus deseos de felicidad. La fe nos enseña que todo tiene un sentido divino, porque es propio de la entraña misma de la llamada que nos lleva a la casa del Padre. No simplifica, este entendimiento sobrenatural de la existencia terrena del cristiano, la complejidad humana; pero asegura al hombre que esa complejidad puede estar atravesada por el nervio del amor de Dios, por el cable, fuerte e indestructible, que enlaza la vida en la tierra con la vida definitiva en la Patria (Es Cristo que pasa, n. 177).

Para acrecentar nuestra esperanza, acudamos confiados a la Santísima Virgen:Cor Mariæ Dulcissimum, iter para tutum; Corazón Dulcísimo de María, da fuerza y seguridad a nuestro camino en la tierra: sé tú misma nuestro camino, porque tú conoces la senda y el atajo cierto que llevan, por tu amor, al amor de Jesucristo (Ibid., n. 178).

sábado, 8 de agosto de 2015

La su Asunción se alegran los ángeles

María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos. Hay alegría entre los ángeles y entre los hombres. ¿Por qué este gozo íntimo que advertimos hoy, con el corazón que parece querer saltar del pecho, con el alma inundada de paz? Porque celebramos la glorificación de nuestra Madre y es natural que sus hijos sintamos un especial júbilo, al ver cómo la honra la Trinidad Beatísima (...): hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo. Más que Ella, sólo Dios (Es Cristo que pasa, n. 171).

La fe en esta verdad consoladora de la Asunción nos mueve a afirmar que «la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 966).

Este es, por tanto, el núcleo de la enseñanza transmitida por la Iglesia sobre los misterios últimos de la vida terrena de Nuestra Señora: participando en la victoria de Cristo, Ella ha vencido la muerte y ya triunfa en la gloria celestial en la totalidad de su ser, en cuerpo y alma. La liturgia nos lo hace contemplar cada año en la solemnidad de la Asunción, el 15 de agosto, y en la memoria de Santa María Virgen, Reina, que se celebra el 22 para recordar que, desde su entrada en el paraíso, ejerce junto a su Hijo su reinado maternal sobre toda la creación.

Sabemos pocos detalles acerca de los últimos años de Nuestra Señora en la tierra. Entre la Ascensión y Pentecostés, la Sagrada Escritura la sitúa en el Cenáculo (Cfr. Hch 1, 13-14); después, permanecería sin duda junto a san Juan, pues había sido confiada a sus cuidados filiales (Cfr. Jn 19, 25-27). Pero la Escritura no recoge el momento ni el escenario en que se produjo la Asunción. Según algunos testimonios antiquísimos, habría tenido lugar en Jerusalén; según otros, de origen más reciente, en Éfeso.

Entre las tradiciones de la Ciudad Santa, destacan algunos relatos que pertenecen al género apócrifo del Transitus Virginis o Dormitio Mariæ; con este término siempre se ha querido expresar que el final de la vida de Nuestra Señora se habría parecido a un dulce sueño. Esos escritos narran que, cuando Santa María dejó este mundo, reunidos los apóstoles alrededor de su lecho, el Señor mismo bajó del cielo acompañado de innumerables ángeles y tomó el alma de su Madre; luego, los discípulos colocaron el cuerpo en un sepulcro y, pasados tres días, el Señor regresó para llevárselo y unirlo al alma en el paraíso. Al describir estos hechos, los autores diferencian dos lugares: la casa donde se produjo el tránsito y la tumba desde donde el cuerpo de Santa María fue asunto.

Encontramos ecos de estos testimonios en las enseñanzas de varios Padres de la Iglesia. San Juan Damasceno, que murió en Jerusalén a mediados del siglo VIII, relata la Asunción de un modo semejante a los apócrifos y además sitúa los acontecimientos en el Cenáculo y en el huerto de los Olivos: el cuerpo amortajado de la Virgen, «sacado del monte Sión, puesto sobre los hombros gloriosos de los apóstoles, es transportado, con la tumba, en el templo celestial. Pero antes es conducido a través de la ciudad, como una esposa bellísima, adornada por el esplendor inefable del Espíritu; y así es acompañada hasta el huerto santísimo de Getsemaní, mientras los ángeles la preceden, la siguen y la cubren con sus alas, junto a la Iglesia en toda su plenitud» (San Juan Damasceno, Homilia II in Dormitionem Beatæ Mariæ Virginis, 12).

En la Ciudad Santa, dos iglesias conservan todavía hoy la memoria de aquellos misterios: en el monte Sión, a pocos metros del Cenáculo, la basílica de la Dormición; y en Getsemaní, junto al huerto donde Jesús rezó la noche del Jueves Santo, la Tumba de María.

La basílica de la Dormición tiene anexa una abadía benedictina. Foto: Israel Tourism (Flickr)Está en el monte Sión, es decir, en la colina que se encuentra en el extremo suroccidental de la Ciudad Santa y que recibió ese nombre en época cristiana. Allí, alrededor del Cenáculo, nació la primitiva Iglesia; y allí, durante la segunda mitad del siglo IV, se construyó una gran basílica, llamada Santa Sión y considerada la madre de todas las iglesias. Además del Cenáculo, incluía el lugar del Tránsito de Nuestra Señora, que la tradición situaba en una vivienda cercana. Aquel templo pasó por varias destrucciones y restauraciones en los siglos siguientes, hasta que solo quedó en pie el Cenáculo. Sin embargo, nunca se olvidó la vinculación de la zona con la vida de Santa María, de forma que en 1910, cuando el emperador de Alemania Guillermo II obtuvo unos terrenos en Sión, se edificó una abadía benedictina con una basílica anexa dedicada a la Dormición de la Virgen.

Se trata de una iglesia de estilo románico alemán con rasgos bizantinos, concebida en dos niveles. En el plano superior se halla la nave principal, de planta circular, rematada con una gran cúpula adornada con mosaicos; alrededor se abren seis capillas laterales y, en la cara oriental, un ábside para el presbiterio, cerrado con bóveda de cañón y una semicúpula también decorada con un gran mosaico. Descendiendo al piso inferior, la atención se dirige al centro de la cripta, donde hay una imagen yacente de la Santísima Virgen protegida por un pequeño templete. Varias capillas —regalos de diversos países o asociaciones— rodean ese santuario.

Don Álvaro estuvo en la basílica de la Dormición el 22 de marzo de 1994, el último día de su peregrinación a Tierra Santa. Allí hizo la oración por la mañana, preparándose intensamente para celebrar la Santa Misa en la iglesia del Cenáculo, que se encuentra en el cercano convento de San Francisco.

sábado, 1 de agosto de 2015

Bautismo del Señor en Jordania. Betania en Transjordania

betania-lugar-bautismoEl lugar de Jordania está a 40 kilómetros de Ammán, en la ribera oriental del río Jordán, y fue desarrollado por esta nación en 1997 tras el acuerdo de paz con Israel, en 1994, después de 50 años de hostilidades.

Entre las iglesias que han reconocido ya este lugar están la Anglicana, la Luterana, la Ortodoxa Copta de Egipto y la Ortodoxa de Jerusalén.

En la actualidad se están construyendo 13 iglesias y monasterios, pertenecientes a diferentes ramas del cristianismo, en un área de 10 kilómetros cuadrados en el Lugar del Bautismo.

Benedicto XVI, en su visita en 2009, puso la primera piedra para dos iglesias en este sitio, una de la Iglesia Católica Griega y otra de la Iglesia Católica Romana.

Hasta hace poco, visitar este lugar no era posible, pues era una zona militarizada: el río marca la frontera entre Jordania e Israel. Hoy, sin embargo, la zona está abierta al público y habilitada para el acceso de peregrinos, aunque sigue habiendo soldados jordanos a poco más de un tiro de piedra de los soldados israelíes en la orilla de enfrente.

A diferencia del lado israelí, en la orilla jordana podemos encontrarmultitud de restos arqueológicos que demuestran que “su” lugar del bautismo, en Betania de Transjordania, fue un punto de peregrinación cristiana desde los comienzos del cristianismo.

Betania de Transjordania ya era un lugar Santo antes de los tiempos de Jesús: en esta área se encuentra la llamada colina de Elías, donde la tradición sitúa el punto donde Elías subió al cielo en un carro de fuego. Por eso no es coincidencia que fuera aquí donde bautizaba Juan el Bautista.

papa en el lugar de bautismo de jesusEn las excavaciones arqueológicas emprendidas desde mediados de los años noventa del siglo XX, se han encontrado restos de cinco iglesias bizantinas construidas a partir del siglo V, como la de san Juan el Bautista, construida en tiempos del emperador Anastasio (491-518 d.C.).De ella parte una escalera de piedra que desciende hasta una piscina que recibe agua del Jordán, donde los peregrinos se sumergían para recibir el bautismo. En las cercanías de estas cinco iglesias podemos encontrar otras piscinas bautismales y cuevas en las que vivían los ermitaños.

También san Juan Bautista vivía en una cueva excavada en la piedra, muy cerca de la colina de Elías. La cueva de san Juan Bautista, a la que con frecuencia acudía Jesús, se ha podido identificar gracias a los restos de una iglesia bizantina construida junto a ella en el siglo V y cuyo ábside está curiosamente excavado en la roca. La iglesia, la primera construida al Este del río Jordán, pertenecía a un conjunto monástico del que formaban parte otras iglesias, un de las cuales ha recibido recientemente el nombre del Papa Juan Pablo II.

sábado, 25 de julio de 2015

Mejoras del sito del Bautismo del Señor

Peregrinos en las dos orillas del Jordan en el complejo turístico de Qasr Al-YehudDentro de una especie de oasis con frondosas palmeras se halla el sitio llamado Qasr Al-Yahud (el palacio del judío) donde se corta el Jordán y había conventos ortodoxos.

Este sitio bautismal tiene una tradición antigua por ser el lugar donde Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán (Mateo, 3, 13-17). Restos de varias iglesias que datan del siglo quinto, se puede ver en el sitio, dando testimonio de la antigua tradición de que este sea el sitio real donde Jesús fue bautizado y comenzó su ministerio.

Se trata de una verdadera perla turística, un oasis digno de ser visitado, que además tiene un valor muy significativo para el cristianismo.

En un día claro se divisa el Monte Nebó, que señala el final de la trayectoria del pueblo de Israel por el desierto y la entrada a la Tierra Prometida.

Es sin duda un sitio muy importante localizado en la ruta que va de Jerusalén a Jericó, en el que muchas iglesias fueron construidas as través de los siglos.

Su nombre en árabe, Qasr al-Yehud, podría ser un remanente de una tradición aún más antigua de la pre-cristiana (judía) de utilizar el lugar como un sitio bautismal. El sitio también está considerado por ser el lugar donde los Israelitas cruzaron el Jordán cuando entraron a la tierra de Canaán.

“Qasr Al Yahud”, se encuentra en los territorios palestinos en la zona C, que actualmente se encuentra bajo la administración de las autoridades israelíes, sin embargo, los israelíes y los palestinos pueden libremente visitar este sitio.

El Ministerio de Turismo informa que ha invertido en trabajos en el lugar unos 3,5 millones de shékels, y el Ministerio de Defensa agregó el resto para completar los ocho millones que se necesitaron para estas refacciones.

Otros 2,5 millones de shékels se invertirán en el transcurso del año en curso para completar en el futuro más accesos y otras atracciones naturales de la Autoridad Israelí para Protección de la Naturaleza y Parques Nacionales.

Según el portal Travelujah, el lugar es gratuito para los visitantes, administrado por Israel y la Autoridad Nacional de Protección de Parques.

sábado, 18 de julio de 2015

Centro de la ciudad de Jerusalén

El año 326 Santa Elena visitó la ciudad junto con su hijo el emperador Constantino, el cual destruyó el templo de Venus y ordenó la construcción de la Basílica del Martyrium, junto al montículo del Gólgota.

A finales del siglo IV se edificó una nueva basílica en el lugar del Cenáculo por orden del patriarca de Jerusalén, Juan.

El reinado del emperador Justiniano (527-565) fue el periodo más floreciente de la ciudad: edificó, entre otras, la Nueva Basílica de Santa María, que aparece representada en el mosaico de Mádaba.

El año 614 Jerusalén fue saqueada por los persas sasánidas, que se llevaron la Cruz de Jesús.

El emperador Heraclio la recuperó el año 628. Diez años después la ciudad fue sometida de nuevo, esta vez por los musulmanes, liderados por el califa Omar.

Los reyes Omeyas construyeron las mezquitas de la Roca y la de Al-Aqsa.

El año 1099 los cruzados entraron en Jerusalén, de la que fueron expulsados por Saladino el 1187, que cambió la fisonomía de la ciudad debido a la nueva concepción del espacio: las plazas se redujeron y las calles se estrecharon y cubrieron con bóvedas y arcos.

Pero las construcciones más representativas de este periodo cruzado son la Basílica del Santo Sepulcro y la iglesia de Santa Ana.

Del 1250 al 1517 Jerusalén estuvo ocupada por los mamelucos de Egipto, cuya huella todavía se conserva en la puerta del Mercado del Algodón.

Durante el periodo Otomano (1517-1917) perdió mucha importancia, si bien se reconstruyeron la muralla y alguna de sus puertas. En 1917 los ingleses expulsan a los turcos de Jerusalén, que se convierte en capital de Palestina durante el mandato británico (1920-1948). Un año antes estalló la guerra entre judíos y árabes.

Al proclamarse la independencia del Estado de Israel en 1948 Jerusalén quedó dividida: la Jerusalén Este para los palestinos y la zona occidental para los judíos, que durante la Guerra de los Seis Días conquistaron la Jerusalén Este, nombrándola capital de Israel.

La Jerusalén antigua es la parte de la ciudad de dentro de la muralla reconstruida por Suleimán el Magnífico en el siglo XVI.

Hay en la muralla ocho puertas, de las cuales siete son practicables, excepto la Puerta Dorada, en el lado este.

La Puerta Nueva se halla en el extremo noroeste. La Puerta de Jaffa es única en el lado oeste. En el sur están la Puerta de Sión y la de la Basura.

El lado este tiene otra puerta, la de San Esteban (conocida como Puerta de los Leones). En el lado norte están la Puerta de Herodes y la más conocida de todas: la Puerta de Damasco, la central de las tres puertas del tramo norte de la muralla.

sábado, 11 de julio de 2015

La ciudad de David

Es el nombre que se le da a la colina baja sobre la que se asentó la ciudad primitiva, conocida como el Ofel.

A finales del tercer milenio antes de Cristo se estableció aquí el pueblo de losjebuseos, quienes fortificaron por primera vez la colina por su situación estratégica y la presencia de la fuente de Guijón.

Al cabo de dos siglos de permanencia hebrea en el país, la ciudad jebusea fue finalmente conquistada por David, quien la convirtió en capital de su reino.

Después la fortificó y la convirtió en centro religioso de las tribus con el traslado del Arca a la ciudad.

Salomón construyó el primer templo en la colina norte, que fue objeto de ataques durante los reinados de Roboam, Yoram, Amasías y Ezequías.

El templo fue destruido por Nabucodonosor el 587 y la población de Jerusalén fue deportada. A la vuelta del destierro se reconstruyó el altar de los holocaustos y se edificó un nuevo Templo (520-516).

En el año 169 a. de C. Antíoco IV conquistó Jerusalén y saqueó el Templo, que fue dedicado a Zeus Olímpico; esto provocó la revuelta de los Macabeos, que recuperaron Jerusalén y restauraron el culto judío en el Templo. El 63 a de C. fue conquistada por Pompeyo, que nombró a Herodes el Grande rey vasallo de Jerusalén.

Éste se dedicó a embellecer la ciudad con nuevas construcciones: un anfiteatro y un teatro, el Palacio Real… La más importante de sus obras fue la reconstrucción del Templo iniciada el año 20 a. de C.: amplió la explanada hacia el oeste, sur y norte y la rodeó de pórticos y hacia el centro de la explanada se levantó el Santo de los Santos precedido de diferentes patios.

El Templo fue incendiado el año 70 d. C. durante el asedio de las legiones romanas y la ciudad destruida. Sofocada la segunda sublevación judía contra los romanos el emperador Adriano ordenó que sobre el lugar del Templo se levantara otro templo dedicado a la tríada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) y en el sitio del Gólgota y del Santo Sepulcro se construyó el templo de Venus.