sábado, 20 de diciembre de 2014

Nacimiento de Jesús en Belén

Veo el interior de este pobre albergue rocoso que María y José comparten con los animales. La pequeña hoguera está a punto de apagarse, como quien la vigila a punto de quedarse dormido. María levanta su cabeza desde la especie de lecho y mira. Ve que José tiene la cabeza inclinada sobre el pecho como si estuviese pensando, y está segura que el cansancio ha vencido su deseo de estar despierto. María se sienta, y luego se arrodilla. Reza. Es una sonrisa de bienaventurada la que llena su rostro. Ora con los brazos abiertos no en forma de cruz, sino con las palmas hacia arriba y hacia adelante, y parece como si no se cansase con esta posición. Luego se postra contra el heno orando más intensamente. Una larga plegaria.
José se despierta. Ve que el fuego casi se ha apagado y que el lugar está casi oscuro. Echa unas cuantas varas. La llama prende. Le echa unas cuantas ramas gruesas, y luego otras más, porque el frío debe ser agudo. Un frío nocturno invernal que penetra por todas las partes de estas ruinas. El pobre José, como está junto a la puerta ­ llamemos así a la entrada sobre la que su manto hace las veces de puerta ­ debe estar congelado. Acerca sus manos al fuego. Se quita las sandalias y acerca los pies al fuego. Cuando ve que éste va bien y que alumbra lo suficiente, se da media vuelta. No ve nada, ni siquiera lo blanco del velo de María que formaba antes una línea clara en el heno oscuro. Se pone de pie y despacio se acerca a donde está María. ­« ¿ No te has dormido? » le pregunta. « ¿ Te hace falta algo? » ­« Nada, José. » ­« Trata de dormir un poco. Al menos de descansar. » ­« Lo haré. Pero rezar no me cansa. » ­« Buenas noches, María. » ­« Buenas noches, José».

María vuelve a su antigua posición. José, para no dejarse vencer otra vez del sueño, se pone de rodillas cerca del fuego y ora. Ora con las manos juntas sobre la cara. Las mueve algunas veces para echar más leña al fuego y luego vuelve a su ferviente plegaria. Fuera del rumor de la leña que chisporrotea, y del que produce el borriquillo que algunas veces golpea su pesuña contra el suelo, otra cosa no se oye. Un rayo de luna se cuela por entre una grieta del techo y parece como hilo plateado que buscase a María. Se alarga, conforme la luna se alza en lo alto del cielo, y finalmente la alcanza. Ahora está sobre su cabeza que ora.

María levanta su cabeza como si de lo alto alguien la llamase, nuevamente se pone de rodillas. Yo sólo veo que a su alrededor la luz aumenta, aumenta, aumenta. Parece como si bajara del cielo, parece como si manara de las pobres cosas que están a su alrededor, sobre todo parece como si de Ella procediese. La luz crece cada vez más. Es irresistible a los ojos. En medio de ella desaparece, como absorbida por un velo de incandescencia, ... y de ella emerge la Madre.

Sí. Cuando soy capaz de ver nuevamente la luz, veo a María con su Hijo recién nacido entre los brazos. Un Pequeñín, de color rosado y gordito, que gesticula y mueve Sus manitas, y Sus piececitos; que llora con una vocecita trémula, como la de un corderito que acaba de nacer, abriendo Su boquita y que enseña una lengûita que se mueve contra el paladar rosado; que mueve Su cabecita tan rubia que parece como si no tuviese ni un cabello, una cabecita redonda que la Mamá sostiene en la palma de su mano, mientras mira a su Hijito, y lo adora ya sonriendo, ya llorando; se inclina a besarlo no sobre Su cabecita, sino sobre Su pecho, donde palpita Su corazoncito, que palpita por nosotros.

El buey, que se ha despertado al ver la claridad, se levanta dando fuertes patadas sobre el suelo y muge. El borrico vuelve su cabeza y rebuzna. Es la luz la que lo despierta. José que oraba tan profundamente que apenas si caía en la cuenta de lo que le rodeaba, se estremece, y por entre sus dedos que tiene ante la cara, ve que se filtra una luz. Se quita las manos de la cara, levanta la cabeza, se voltea. El buey que está parado no deja ver a María. Oye que la Virgen grita: « José, ven. » José corre. Y cuando ve, se detiene, presa de reverencia, y está para caer de rodillas donde se encuentra, si no es que María insiste: « Ven, José», se sostiene con la mano izquierda sobre el heno, mientras que con la derecha aprieta contra su corazón al Pequeñín. Se levanta y va a José que camina temeroso, entre el deseo de ir y el temor de ser irreverente. A los pies de la cama de paja ambos esposos se encuentran y se miran con lágrimas llenas de felicidad.

­« Ven, ofrezcamos a Jesús al Padre» dice María. Y mientras José se arrodilla. Ella levanta a su Hijo entre los brazos y dice: « Heme aquí. En Su Nombre, ¡ oh Dios! te digo esto. Heme aquí para hacer Tu Voluntad. Y con El, yo, María y José, mi esposo. Aquí están Tus siervos, Señor. Que siempre hagamos a cada momento, en cualquier cosa, Tu Voluntad, para gloria Tuya y por amor Tuyo. » 

Luego María se inclina y dice: « Tómalo, José» y ofrece al Pequeñín. « ¿ Yo? ¿ Me toca a mí? ¡ Oh, no! ¡ No soy digno! » José está terriblemente despavorido, aniquilado ante la idea de tocar a Dios. Pero María sonriente insiste: «Eres digno de ello. Nadie más que tú, y por eso el Altísimo te escogió. Tómalo, José y tenlo mientras voy a buscar los pañales. » José, rojo como la púrpura, extiende sus brazos, toma ese montoncito de carne que chilla de frío y cuando lo tiene entre sus brazos no siente más el deseo de tenerlo separado de sí por respeto, se lo estrecha contra el corazón diciendo en medio de un estallido de lágrimas: « ¡ Oh, Señor, Dios mío! » y se inclina a besar los piececitos y los siente fríos.

 Se sienta, lo pone sobre sus rodillas y con su vestido café, con sus manos procura cubrirlo, calentarlo, defenderlo del viento helado de la noche. Quisiera ir al fuego, pero allí la corriente de aire que entra es peor. Es mejor quedarse aquí. No. Mejor ir entre los dos animales que defienden del aire y que despiden calor. Y se va entre el buey y el asno y se está con las espaldas contra la entrada, inclinado sobre el Recién nacido.

María abrió ya el cofre, y sacó ya lienzos y fajas. Ha ido a la hoguera a calentarlos. Viene a donde está José, envuelve al Niño en lienzos tibios y luego en su velo para proteger Su cabecita. «¿ Dónde lo pondremos ahora?» pregunta. José mira a su alrededor. Piensa... « Espera » dice. « Vamos a echar más acá a los dos animales y su paja. Tomaremos más de aquella que está allí arriba, y la ponemos aquí dentro. Las tablas del pesebre lo protegerán del aire; el heno le servirá de almohada y el buey con su aliento lo calentará un poco. Mejor el buey. Es más paciente y quieto. » Y se pone hacer lo dicho, entre tanto María arrulla a su Pequeñín apretándoselo contra su corazón, y poniendo sus mejillas sobre la cabecita para darle calor. 

José vuelve a atizar la hoguera, sin darse descanso, para que se levante una buena llama. Seca el heno y según lo va sintiendo un poco caliente lo mete dentro para que no se enfríe. Cuando tiene suficiente, va al pesebre y lo coloca de modo que sirva para hacer una cunita. « Ya está » dice.

María, con su dulce caminar, lo trae, lo coloca, lo cubre con la extremidad del manto; le envuelve la cabecita desnuda que sobresale del heno y la que protege muy flojamente su velo sutil. Tan solo su rostro pequeñito queda descubierto, gordito como el puño de un hombre, y los dos, inclinados sobre el pesebre, bienaventurados, lo ven dormir su primer sueño, porque el calor de los pañales y del heno han calmado Su llanto y han hecho dormir al dulce Jesús.

Visiones de María Valtorta (Escrito el 6 de junio de 1944)

sábado, 13 de diciembre de 2014

Llegada a Belén

Vuelve a continuar su camino. Una concavidad más extensa se deja ver desde la cresta a la que han llegado. En la concavi­dad, arribo y abajo, a lo largo de las suaves pendientes que la rodean, se ven casas y casas. Es Belén. José piensa en lo urgen­te que es encontrar un refugio, y apresura el paso. Puerta tras puerta pide alojo. Nada. Todo está ocupado. Llegan al albergue. Está lleno hasta en los portales, que rodean el patio interior. José deja a María que sigue sentada sobre el borriquillo en el patio y sale en busca de algunas otras casas. Regresa desconso­lado. No hay ningún alojo. El crepúsculo invernal pronto se echa encima y empieza a extender sus velos. José suplica al dueño del albergue. Suplica a viajeros. Ellos son varones y están sanos. Se trata ahora de una mujer próxima a dar a luz. Que tengan piedad. Nada. María pone su mano sobre la muñeca de José para cal­marlo. Le dice: « No insistas. Vámonos. Dios proveerá. »


Salen. Siguen por los muros del albergue. Dan vuelta por una callejuela metida entre ellos y casuchas. Le dan vuelta. Buscan. Allí hay algo como cuevas, bodegas, más bien que apriscos, por­que son bajas y húmedas. Las mejores están ya ocupadas. José se siente descorazonado.

« Oye, galileo » le grita por detrás un viejo. « Allá en el fondo, bajo aquellas ruinas, hay una cueva. Tal vez no haya nadie. » Se apresuran a ir a esa cueva. Es una madriguera. En­tre los escombros que se ven hay un agujero, más allá del cual se ve una cueva excavada en el monte. Parece que sean los antiguos fundamentos de una vieja construcción, a la que sirven de techo los escombros caídos sobre troncos de árboles.

Como hay muy poca luz y para ver mejor, José saca la yesca y prende una candileja que toma de la alforja que trae sobre la espalda. Entra y un mugido lo saluda. « Ven, María. Está vacía. No hay sino un buey. » José sonríe. « Mejor que nada ... » María baja del borriquillo y entra. José puso ya la candileja en un clavo que hay sobre un tronco que hace de pilar. Se ve que todo está lleno de telarañas. El sue­lo, que está batido, revuelto, con hoyos, guijarros, desperdicios, excrementos, tiene paja. En el fondo, un buey se vuelve y mira con sus quietos ojos. Le cuelga hierba del hocico. Hay un rústico asiento y dos piedras en un rincón cerca de una hendidura. 

Lo negro del rincón dice que se hizo fuego. María se acerca al buey. Tiene frío. Le pone las manos sobre su pescuezo para sentir lo tibio de él. El buey muge, pero no hace más, parece como si comprendiera. Lo mismo cuando José lo em­puja para tomar mucho heno del pesebre y hacer un
lecho para María ­ el pesebre es doble, esto es, donde come el buey, y arri­ba una especie de estante con heno de repuesto, y de este toma José ­ no se opone.

Hace lugar aun al borriquillo que cansado y hambriento, se pone al punto a comer. José voltea también un cubo con abolladuras. Sale, porque afuera vio un riachuelo, y vuelve con agua para el borriquillo. Toma un manojo de varas secas que hay en un rincón y se pone a limpiar un poco el suelo. Luego desparrama el heno. Hace una especie de lecho, cerca del buey, en el rincón más seco y más defendido del viento. Pero sien­te que está húmedo el heno y suspira. Prende fuego, con paciencia, seca poco a poco el heno junto al fuego.

María sentada en el banco, cansada, mira y sonríe. Todo está ya pronto. María se acomoda lo mejor que puede sobre el muelle de heno, con las espaldas apoyadas contra un tronco. José adorna todo aquel... ajuar, pone su manto como una cortina en la en­trada que hace de puerta. Una defensa muy pobre. Luego da a la Virgen pan y queso, y le da a beber agua de una cantimplora. « Duerme ahora» le dice. « Yo velaré para que el fuego no se apa­gue. Afortunadamente hay leña. Esperamos que dure y que arda. Así podemos ahorrar el aceite de la lámpara. » María obediente se acuesta. José la cubre con el manto de ella, y con la capa que tenía antes en los pies. ­«Pero tu vas a tener frío... » ­«No, María. Estoy cerca del fuego. Trata de descansar. Maña­na será mejor. » María cierra los ojos. No insiste. José se va a su rincón. Se sienta sobre una piedra, con pedazos de leña cerca. Pocos, que no durarán mucho por lo que veo.

Están del siguiente modo: María a la derecha con las espaldas a la... puerta, semi­escondida por el tronco y por el cuerpo del buey que se ha echado en tierra. José a la izquierda y hacia la puer­ta, por lo tanto, diagonalmente, y así su cara da al fuego, con las espaldas a María. Pero de vez en vez se voltea a mirarla y la ve tranquila, como si durmiese. Despacio rompe las varas y las echa una por una en la hoguera pequeña para que no se apague, para que dé luz, y para que la leña dure. No hay más que el brillo del fuego que ahora se reaviva, ahora casi está por apagarse. Como está apagada la lámpara de aceite, en la penumbra resaltan sólo la figura del buey, la cara y manos de José. Todo lo demás es un montón que se confunde en la gruesa penumbra.

Visiones de María Valtorta  (Escrito el 6 de junio de 1944)

sábado, 6 de diciembre de 2014

Camino de Belén


Estamos en Adviento, tiempo fuerte en la Iglesia, con el que nos preparamos para la Navidad. Este año me serviré de las visiones que tuvo la italiana María Valtorta sobre la Navidad. Estas letras -sin entrar a valorar si los acontecimientos que se narran sucedieron así o no- en cualquier caso nos ayudarán a preparar la Navidad contemplando de forma muy viva el Nacimiento del Señor.
"Veo un camino principal. Viene por él mucha gente. Borriquillos cargados de utensilios y de personas. Borriquillos que regre­san. La gente los espolea. Quien va a pie, va aprisa porque hace frío. El aire es limpio y seco. El cielo está sereno, pero tiene ese frío cortante de los días invernales. La campiña sin hojas parece más extensa, y los pastizales apenas si tienen hierba un poco cre­cida, quemada con los vientos invernales. El terreno tiene ondulaciones que cada vez son más  claras. Es en realidad un terreno de colinas. Hay concavidades con hierba lo mismo que valles pequeños. El camino pasa por en medio de ellos y va al sureste.


María viene montada en un borriquillo gris. Envuelta en un manto pesado. Delante de la silla está el arnés que llevó en el viaje a Hebrón, y sobre el cofre van las cosas necesarias. José camina a su lado, llevando la rienda. ¿Estás cansada?« ¿ Tienes frío? » pregunta José, porque sopla el aire. « No. Gracias. » Pero José no se fía. Le toca los pies que cuelgan al lado del borriquillo, calzados con sandalias y que apenas si se dejan ver a través del largo vestido. Debe haberlos sentido fríos, porque sacude su cabeza y se quita una especie de capa pequeña, y la pone en las rodillas de María, la extiende sobre sus muslos, de modo que sus manitas estén bien calientes bajo ella y bajo el manto.

Encuentran a un pastor que atraviesa con su ganado de un lado a otro. José se le acerca y le dice algo. El pastor dice que sí, José toma el borriquillo y lo lleva detrás del ganado que está paciendo. El pastor toma una rústica taza de su alforja y ordeña una robusta oveja. Entrega a José la taza que y se da a María. « ¿ Venís de lejos? » ­« De Nazaret» responde José. ­« ¿Y vais?» ­« A Belén. » ­ « El camino es largo para la mujer en este estado. ­¿Es tu mujer? » ­ «Sí.» «¿ Tenéis a donde ir?» ­« No. » ­« ¡Va mal todo! Belén está llena de gente que ha llegado de todas partes para empadronarse o para ir a otras partes. No sé si encontréis alojo. ¿Conoces bien el lugar? » ­« No muy bien. » ­« Bueno.. . te voy a enseñar... Buscad el alojo. Estará lleno. Te lo digo para darte una idea. Está en una plaza. Es la más grande. Se llega a ella por este camino principal. No podéis equivocaros. Delante de ella hay una fuente. El albergue es grande y bajo con un gran portal. Estará lleno. Pero si no podéis alojaros en él o en alguna casa, dad vuelta por detrás del albergue, como yendo a la campiña. Hay apriscos en el monte. Algunas veces los merca­deres que van a Jerusalén los emplean como albergue. Son apriscos húmedos, fríos y sin puerta, pero siempre son un refugio, porque la mujer... no puede que­darse en la mitad del camino. Tal vez allí encontréis un lugar... y también heno para dormir y para el asno. Que Dios os acom­pañe. » ­« La paz sea contigo. »

Visiones de María Valtorta (Escrito el 5 de junio de 1944)

sábado, 29 de noviembre de 2014

Jesús nació en Belén, no en Nazaret


San Mateo dice de manera explícita que Jesús nació en «Belén de Judá en tiempos del rey Herodes» (Mt 2,1; cfr 2,5.6.8.16) y lo mismo San Lucas (Lc 2,4.15). El cuarto evangelio lo menciona de una manera indirecta. Se produjo una discusión a propósito de la identidad de Jesús y “unos decían: Éste es verdaderamente el profeta. Otros: Éste es el Cristo. En cambio, otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David y de Belén, la aldea de donde era David?” (Jn 7,40-42). El cuarto evangelista se sirve aquí de una ironía: él y el lector cristiano saben que Jesús es el Mesías y que nació en Belén. 


Algunos oponentes a Jesús quieren demostrar que no es el Mesías diciendo que, de serlo, hubiera nacido en Belén y en cambio ellos saben (creen saber) que nació en Nazaret. El procedimiento es habitual en el cuarto evangelio (Jn 3,12; 6,42; 9,40-1). Por ejemplo, pregunta la mujer samaritana: “¿O es que eres tú mayor que nuestro padre Jacob?” (Jn 4,12). Los oyentes de Juan saben que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, superior a Jacob, de modo que la pregunta de la mujer era en una afirmación de esa superioridad. Por tanto, el evangelista prueba que Jesús es el Mesías incluso con las afirmaciones de sus oponentes.

Éste ha sido el consenso común entre creyentes e investigadores durante más de 1900 años. Sin embargo, en el siglo pasado, algunos investigadores afirmaron que Jesús es tenido en todo el Nuevo Testamento por “el nazareno” (el que es, o el que proviene, de Nazaret) y que la mención de Belén como lugar de nacimiento obedece a una invención de los dos primeros evangelistas que revisten a Jesús con una de las características que en aquel momento se atribuían al futuro mesías: ser descendiente de David y nacer en Belén. Lo cierto es que una argumentación como ésta no prueba nada. 

En el siglo I, se decían bastantes cosas del futuro mesías que no se cumplen en Jesús y, por lo que sabemos —a pesar de lo que pueda parecer (Mt 2,5; Jn 7,42)—, no parece que la del nacimiento en Belén fuera una de las que se invocaran más a menudo como prueba. Hay que pensar más bien en la dirección contraria: porque Jesús, que era de Nazaret (es decir que estaba criado allí), había nacido en Belén es por lo que los evangelistas descubren en los textos del Antiguo Testamento que se cumple en él esa cualidad mesiánica. Todos los testimonios de la tradición avalan además los datos evangélicos. San Justino, nacido en Palestina hacia el año 100 d.C., menciona unos cincuenta años más tarde que Jesús nació en una cueva cerca de Belén (Diálogo 78). Orígenes también da testimonio de ello (Contra Celso I, 51). Los evangelios apócrifos atestiguan lo mismo (Pseudo-Mateo, 13; Protevangelio de Santiago, 17ss.; Evangelio de la infancia, 2-4).

En resumen, el parecer común a los estudiosos de hoy en día es que no hay argumentos fuertes para ir contra lo que afirman los evangelios y se ha recibido en toda la tradición: Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.

Bibliografía: A. Puig, Jesús. Una biografía, Destino, Barcelona 2005; J. González Echegaray,Arqueología y evangelios, Verbo Divino, Estella 1994; S. Muñoz Iglesias, Los evangelios de la infancia, BAC, Madrid, 1990.

Vicente Balaguer, publicado en http://www.opusdei.es/

sábado, 22 de noviembre de 2014

Descubierto en Galilea el monumento arqueológico más antiguo conocido

La construcción está situada a unos 13 kilómetros al noroeste del mar de Galilea. Fue descubierta por un equipo liderado por Ido Wachtel, de laUniversidad Hebrea de Jerusalén (HUJI). Su estructura en forma de medialuna es un monumento en sí mismo con 5.000 años de antigüedad.Sería más longevo que el complejo megalítico de Stonehenge en el Reino Unido o las pirámides de Egipto, que datan aproximadamente del año 2.600a. C.
En un primer momento, los investigadores pensaron que el monumento hallado formaba parte de la muralla de una ciudad, pero los recientes trabajos realizados prueban que no existió ninguna en sus inmediaciones.

Tiene una longitud de unos 150 metros, un volumen de 14.000 metros cúbicos y hasta siete metros de altura. Los restos de cerámica encontrados en las excavaciones están fechadas entre los años 3050 y 2650 a. C.
Wachtel explica en su ponencia que se puede tratar de "un hito destacado en el paisaje natural que sirve para marcar la posesión" de la tierra o para "hacer valer la autoridad y los derechos sobre los recursos naturales" por una población determinada, pero también puede ser unmonumento religioso, erigido en honor del dios Sin de la antigua Mesopotamia, cuyo símbolo era una luna creciente como la que forman estas piedras.
Los cálculos del especialista indican que hicieron falta entre 35.000 y 50.000 jornadas de labor para levantar esta estructura, unos 200 obreros con dedicación exclusiva durante cinco meses, un plazo que entiende se prorrogó largamente, puesto que los mismos constructores debían ser los agricultores de la zona.
Del mismo modo, reveló que una antigua ciudad llamada Bet Yerah (que se traduce como "casa del dios de la luna") se encuentra a sólo un día de camino desde el monumento hallado. A su juicio, la construcción pudo haber ayudado a marcar las fronteras de la urbe, ubicada a sólo 29 kilómetros de allí, según recoge la revista Live Science.

"La construcción habría servido para marcar la posesión y hacer valer la autoridad y los derechos sobre los recursos naturales por parte de la población local", aseguró Wachtel.

Live Science   - http://www.infobae.com

sábado, 15 de noviembre de 2014

Polis: estudiar y convivir


El francés Christophe Rico es actualmente el director de Polis. Fundó esta institución junto con otros profesores de idiomas. El método de enseñanza Polis ha sido ideado y desarrollado conjuntamente por el equipo de profesores de esta institución. 
Recogemos una entrevista que se le ha hecho en la que explica el origen y desarrollo del Instituto de lenguas de Jerusalén.
 
“Polis empezó en el 2011 y fue la iniciativa de un grupo de profesores universitarios que vivimos en Jerusalén. Desde el principio ha sido un proyecto multicultural y ha atraído a personal de diferentes religiones", explica.

"Actualmente hay en Polis cristianos de diversas denominaciones: católicos, ortodoxos; hay profesoras musulmanas; tenemos tres profesores judíos y también hay judíos entre el personal que trabaja en la administración de Polis. Refleja perfectamente la población que hay en Jerusalén: judíos, cristianos y musulmanes. La gente cuando viene sabe lo que es Polis: les explicamos el ideario de Polis y los que vienen a trabajar con nosotros están dispuestos a adoptar esta apertura y a respetar a los demás. No hablamos de política, las conversaciones son como vengan, a veces serán en árabe, a veces serán en hebreo, en inglés o en francés, según las personas que estén participando en ellas; desde luego se puede decir que es uno de los pocos lugares en Jerusalén donde realmente se da esta colaboración de manera tan intensa”.

"El Opus Dei está en Jerusalén desde 1993, aunque yo llegué en 1992; Polis sin embargo, es una iniciativa más reciente. No forma parte de la Fundación Saxum pero colabora con ella: la Fundación Saxum encarga a Polis la parte de contenidos multimedia del Centro de Convenciones: lo que le compete a Polis es toda la narrativa multimedia y darle contenidos. Uno de los proyectos de Polis es instaurar un lugar de investigación sobre los lugares santos. Tenemos el proyecto de lanzar un máster sobre los lugares santos”. 

-¿Estaría validado por la universidad de Jerusalén?
-Llevamos un año con el máster en filología antigua. Los estudios que de momento tenemos están validados por distintas universidades de Europa, en concreto por la UIC de Barcelona, y en el futuro, aunque es un proceso largo, nuestro objetivo es tener el título de College en la legislación israelí. Para llegar a tener el título de College se necesitan una serie de requisitos que se corresponden con el nivel de crecimiento de Polis al que podemos llegar en los próximos 10 años. Ser universidad es muy complicado porque prácticamente todas las universidades que hay en Jerusalén son del Estado.

-Está la Universidad de la Santa Croce para el programa de un año en idiomas bíblicos que ofertamos, y actualmente estamos colaborando con profesores que vienen por ejemplo de la Universidad de Oxford, de la Freie Universität de Berlín, con las que a largo plazo queremos tener una relación formal y no solamente personal. 

Christophe Rico señala que en Jerusalén hay una universidad hebrea, donde hay un 98% de profesores judíos, y una universidad Al Quds con un 98% de profesores musulmanes, pero no hay ninguna universidad o institución de estudios superiores que no sea una cosa puramente bíblica y que esté abierta o que esté compuesta de profesores de todo tipo de religiones y en números significativos. 

"La idea de Polis es precisamente tener un lugar en Jerusalén para las ciencias humanas y que sea un lugar abierto”, comenta.

"Otro aspecto muy importante es que con nuestro trabajo podemos revisitar las fuentes de las culturas de occidente, que son los idiomas antiguos. La mayoría de las fuentes de nuestra cultura, ya sea en la antigüedad o en la edad media nos llegan en idiomas que nunca han sido traducidos. Se han traducido los autores principales pero hay muchos autores secundarios que no se han traducido a ningún idioma habitual de occidente.Por ejemplo el corpus médico más importante de la antigüedad, el de Galeno, con 10.000 páginas, y que ha sido la base de la cultura médica de occidente hasta el siglo XVIII, viene en griego. Ha sido traducido dos veces al latín y una al árabe clásico, y ninguna vez Galeno ha sido traducido de manera completa en ninguno de los idiomas modernos. Solamente disponemos de un pequeño tanto por ciento en un idioma, un 20% en otro… No podemos tener acceso al corpus de Galeno si no conocemos los idiomas antiguos", añade Rico.


"La conclusión es que la enseñanza de los idiomas antiguos es un gran fracaso: se estudia griego o latín, o árabe clásico durante muchos años y no se consigue leer bien en estas lenguas. Queremos que se puedan aprender bien estos idiomas. Ahora mismo Polis es el único lugar donde se enseña tanto griego como latín, como siríaco clásico o árabe clásico, y hebreo bíblico de manera viva, en plena inmersión en el idioma y con distintos niveles. El trabajo consiste en recrear esas lenguas para que se puedan hablar y aprender de manera eficaz y rápida. Queremos ofrecer resultados mucho más eficaces, mucho más rápidos que los que se obtienen con los métodos tradicionales”. 
 


sábado, 8 de noviembre de 2014

Saxum, centro de convenciones en el camino de Emaús


Antonio José Quintana, secretario general de la fundación Saxum, entidad que promueve el proyecto, explica, de paso por Colombia desde Chicago en su viaje de promoción del proyecto, el centro de convenciones Saxum, que se encuentra en el camino de Emaús.

Saxum llevará asociado un centro de visitantes, que "estará gestionado por la Fundación Saxum y promocionará peregrinaciones desde todo el mundo para facilitar que muchas personas puedan venir a Tierra Santa. Se ofrecerá al peregrino información histórica, arqueológica, teológica, de los lugares santos, con todo tipo de recursos multimedia. Sin perder de vista que lo que queremos es que sea como una puerta de entrada para poder entender mejor la Tierra Santa”.

"Y todo esto en el mismo Camino de Emaús, un camino vivo por donde anduvo el Señor y que puede atraer a muchos peregrinos jóvenes a Tierra Santa. Tenemos también otros proyectos, el ministerio ha desarrollado el camino de Nazaret hasta Cafarnaúm. Quién sabe si un día podemos unir Emaús con Nazaret y Nazaret con Cafarnaúm, Cafarnaúm con Jericó y Jericó con Jerusalén. Estamos dando la vuelta a todo Israel recorriendo todos los lugares santos. Saxum está en el Camino de Emaús en el sentido real”.

El lugar del futuro Centro de Actividades Saxum está ubicado en las afueras del pueblo de Abu Gosh, en medio de las montañas de Judea, mirando hacia el Valle de Ayalón. El lugar está rodeado de pinos y bellas panorámicas, lo que contribuye a crear un ambiente de paz y ofrece muchas posibilidades para pasear. Localizado a sólo 15 km. de Jerusalén, ofrece fácil acceso a los principales lugares santos de Jerusalén, como el Santo Sepulcro, el Monte de los Olivos y el Cenáculo, y está cercano a Ein Karem (el sitio de la Visitación) y a Belén. 

“En Israel, como en muchos otros sitios del mundo, la gente se levanta muy temprano. De Jerusalén a Abu Gosh hay solamente tres horas y media de camino; no tiene mucho sentido que los discípulos [el Domingo de Resurrección] le dijeran al Señor "quédate con nosotros que está cayendo la tarde" en Abu Gosh. Lo que tiene sentido es que el Señor se apareciera a los discípulos en algún momento de su camino desde Jerusalén y fuera caminando con ellos explicándole las escrituras que hacían referencia a su persona. Los discípulos llegarían a Abu Gosh como primera etapa. Desde Abu Gosh saldrían hacia Emaús Nicópolis, a la que llegarían sobre las cinco o las seis de la tarde que es cuando en esa época se puede hacer de noche allí. De Jerusalén a Abu Gosh hay unos 15 kms, y unos 10 más de Abu Gosh hasta Emaús Nicópolis, o sea que andarían una jornada de camino. El Evangelio describe Emaús como una ciudad que estaba a una jornada de camino. En aquella época todo el mundo caminaba, no me extraña que caminaran unos 25 Km", calcula Quintana.